Diálogos Rabieta: Diego Oyarzún

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Guillermo Velázquez

Nadie recuerda un otoño tan caluroso; a mediados de noviembre las temperaturas no deberían estar por arriba de los cero grados. Algunos en tono de broma dicen que con la entrada del Euro hasta el clima ha cambiado. El Zalgiris Vilnius, actual tetracampeón de la Alyga Lituana se entrena en un campo sintético a propiedad de una escuela secundaria en medio de una bulliciosa Vilnius que no presta demasiada atención al equipo y le concede un anonimato poco usual.

A consecuencia de su ingreso a la Comunidad Económica Europea y la adopción del Euro como moneda, Lituania se encuentra en un proceso de modernización y adaptación; las construcciones y remodelaciones son parte del paisaje en la mayoría de las ciudades Lituanas para poder cumplir con los estándares impuestos por la Unión Europea.

El campo de entrenamiento está rodeado de excavadoras, aplanadoras y demás artilugios de la industria de la construcción y a un costado del patio de un jardin de niños. Son las 11 de la mañana y aprovechando la nobleza de un día nublado y un suave viento, los pequeños se divierten entre columpios y toboganes, burlándose de los seis grados centígrados de temperatura.

Mientras los pequeños juegan, Diego Oyarzun (Santiago, Chile, 1993) y el resto de la plantilla del equipo titular que el día anterior consiguió el triunfo por cinco tantos a dos contra el Utenis FC –resultado que los mantiene en la pelea por el título a falta de una jornada- trabajan por separado con el preparador físico. El defensa central formado en las inferiores de la Universidad Católica de Chile, club en el que debuto como profesional y del que fue capitán en Copa Chile, trota alrededor del campo cubierto de pies a cabeza, mallas térmicas, gorro, guantes, y una especie de cubre bocas que solo le deja los ojos expuestos; ninguno del resto de sus compañeros lleva tanta protección invernal. Hace cuatro meses que llegó al club, convirtiéndose en el primero de su país en jugar en una cada vez más Internacional Alyga. Ha marcado dos goles, el primero de ellos en esta misma cancha que hace las veces de casa en un partido de Copa contra el modesto Vilnius Panerys de la Segunda División.

El asistente del entrenador  se acerca al encargado de prensa que nos ha facilitado la charla con Diego y lanza una pregunta que mi poco menos que rudimentario lituano no logra entender. “Zurnalistas” y “Meksikietis” contesta el jefe de prensa. Asumo entonces que están hablando de mí, y que la cámara que llevo colgada del hombro ha surtido el efecto deseado. A los pocos minutos el grupo de titulares que hace trabajo regenerativo pasa trotando por la línea de banda y Diego que trota por detrás del resto rompe el hielo con un “Que pasa amigo, ¿cómo estás?”. De nuevo, al alejarse los dos compañeros que trotan a su lado preguntan algo que no alcanzo a escuchar y ríen un poco, asumo entonces que la presencia de visitantes en los entrenamientos no es muy común. Poco menos de una hora después, el primer equipo ha terminado su sesión de entrenamiento. En un acto de cortesía poco común en futbolistas profesionales, al pasar todos me saludan de mano y en un perfecto inglés me dan la bienvenida. Al final llega Diego y nos sentamos en las gradas aún húmedas para hablar de futbol.

Llegó a los once años a la Universidad Católica. Allí firmó su primer contrato y debutó profesionalmente. Por razones que solamente el futbol entiende, unicamente pudo disputar unos 25 partidos, aunque suficientes para darle la oportunidad de forjar su carrera en clubes de la Primera chilena. Fue en Palestino, hace un año, donde tuvo su mejor campana hasta el momento, disputando la Copa Sudamericana. Diego no puede evitar que una sonrisa se instale en su rostro cuando comienza a hablar de su paso por dicha competencia, y junto con una cálida ola de satisfacción recuerda “le ganamos a Flamengo, dejamos fuera a Flamengo”. Hasta que en la siguiente ronda quedaron eliminados a manos de San Lorenzo en cuartos de final, derrota que no borro la satisfacción de la victoria de la ronda anterior.

Poco después llegó la oportunidad de venir al futbol de Lituania y Diego no se lo pensó dos veces. El Zalgiris lo venía siguiendo desde hace más de año y medio, incluso estuvo cerca de llegar al club el antes pero en aquel momento su pase no se concretó. “Esta vez se dio todo para que hoy este acá en Lituania; un poquito lejos pero entretenido, dice mientras resguarda las manos, enfundadas en los guantes, entre sus piernas y la silla que no estando acostumbrada a alojar a una persona no sabe que su función además de descansar también podría ser dar calor.

Orgulloso recuerda su árbol genealógico, que en el caso de Diego sería mucho más justo dibujarlo como un estadio genealógico “Mi papa fue preparador físico, trabajó en Toluca con Pepe Cardozo, tiene una carrera impresionante, envidiable. Trabajó en la Selección Chilena, fue Campeón de Copa Libertadores con Colo Colo, trabajó en Argentina, en Arabia Saudita, en un montón de clubes. Mi abuelo partió como preparador físico y termino siendo entrenador, y en Chile un estadio de un equipo lleva el nombre de mi abuelo. Vengo de una familia futbolizada, pero todos ellos estuvieron del lado del banquillo, del lado del cuerpo técnico… y yo por suerte soy el primer jugador.”

La historia de Diego por Europa se comenzó a escribir mucho antes que siquiera estuviera en planes de llegar a este mundo: “Mi abuelo estudió en Alemania, entonces cuando volvió a Chile a implantar todos los métodos que había aprendido lo trataban de loco. Les daba consomé a los jugadores en el entretiempo, como para calentar el cuerpo para que no se enfriaran. Son locuras que en ese tiempo la gente no entendía mucho pero que después con el tiempo se fueron haciendo más normales, más naturales todo el tema psicológico, la parte física que hoy en día son importantísimas.” La parte física es precisamente uno de los puntos por los que el futbolista chileno decidió dejarlo todo en América para llegar a Lituania y, como su abuelo, el mítico “Consomé” Oyarzun, quiere romper con el molde de futbolista chileno: salir de la zona de confort y enfrentarse a los retos de un futbol donde su metro con ochenta y un centímetros y sus 78 kilos no son ventaja. “El futbol aquí es muy físico. En Chile yo siempre fui de los más altos y cuando llegué acá los miraba a todos para arriba, los miraba a los defensas centrales para arriba, incluso los delanteros son más altos, fuertes. En el futbol chileno el tema físico no está tan presente y obviamente venir acá significa desarrollarse en otros aspectos que consideraba yo que me faltaban.”

Oyarzun tercero, el Sopitas, tiene una gran admiración y respeto por todo lo que su abuelo le dio al futbol chileno. De nuevo la sonrisa se instala en su rostro y se puede sentir como viaja en su mente hasta la cálida sala de su casa seguramente llena de fotografías, trofeos, banderines, balones y zapatos de futbol, cuando lo recuerda. “Él llevó a los primeros tres jugadores alemanes a Deportes Concepción, de la quinta región en el sur de Chile, ¡imagínate tener tres alemanes jugando en Chile! Nunca antes visto. La idea era transgredir un poquito el sistema normal chileno, que es muy táctico muy técnico, pero siempre hemos tenido esa falla física y psicológica, a diferencia de otros países sudamericanos como Argentina, Brasil, Uruguay, que son muy fuertes”.

El no haber conseguido el pase al próximo mundial Rusia 2018 es difícil de explicar para Diego Oyarzun y suelta un largo suspiro que el viento helado se encarga de convertir en vaho inmediatamente. “Es difícil opinar cuando uno no conoce la parte interna. Se habló mucho de todos los problemas que había; yo como jugador trato de no juzgar sin saber. Yo solamente lo único que puedo criticar es lo que veo en la cancha; creo que bajaron un poquito el rendimiento de lo que venían haciendo. Distintas cosas que fueron mermando ese gran equipo chileno que fue el que ganó las dos Copa América.” Mirando hacia la cancha y a sus compañeros que se terminan de entrenar con una sesión de algo que tiene que ser uno de los rituales universales que solo el futbol puede brindar, una ronda de torito, trata de encontrar una explicación. “Yo creo que ahí ellos, como los grandes jugadores que son todos, tendrán que hacer su propias autocriticas del por qué no lograron conseguir la clasificación. Para mi fueron errores propios de jugadores, cuerpo técnico, dirigencia en todos los ámbitos. Creo que hubiera sido un muy buen mundial, por la edad, por la experiencia de los jugadores. Ahora toca empezar de cero nuevamente, replantear de cero en la federación chilena para volver a tener más épocas doradas como esta.

En un país donde el frío, la humedad, lo gris y la palidez de los días son cosa habitual, la adaptación al entorno es un tema que para Diego Oyarzun no ha sido del todo complicado: “El idioma es especialmente una barrera para los jugadores sudamericanos, pero yo personalmente gracias a mi familia siempre tuve muy buena educación. Yo estudie en el colegio alemán en Chile, por lo que habló el idioma, aunque lo he perdido un poco porque no lo práctico. También hablo inglés y en ese sentido se me hizo menos difícil. Obviamente nunca había vivido en un país donde hubiera tenido que hablar inglés todos los días, pero ante la necesidad uno lo va practicando, desarrollando y lo va mejorando. Estoy muy contento. En este club estamos muchos futbolistas que no somos Lituanos, casi mitad y mitad entre extranjeros y locales, así que eso también eso lo hace mucho más ameno y mucho más llevadero.”

Para el futbolista chileno de 24 años son notables las diferencias entre un futbol que se decanta por lo físico y el temple frio de quienes lo practican, la poca competencia, la juventud de la liga, el hecho que las fuerzas básicas estén en pleno proceso de desarrollo, así como la falta de roce internacional hace que el futbol que se practica en la ALyga Lituana sea completamente diferente a lo que se vive en Sudamérica: “Una de las grandes virtudes que tiene el jugador sudamericano es lo pasional, lo competitivo. Aquí, a veces, por momentos hace falta eso. También que lo vivan más intensamente. Como jugador formado en la Universidad Católica, la mejor cantera en Chile, nos enfocamos en todos los aspectos tácticos y técnicos. Aquí el futbol no es tan fuerte en el tema de las divisiones inferiores y no se desarrollan tanto”.

El poco interés que muestran los Lituanos hacia el futbol hace que jugar un partido de futbol con el estadio vacío saque el verdadero temple de todo futbolista, recordar tal vez aquellas épocas en las que se jugaba en las canchas del colegio o en plena calle, cuando se jugaba solamente por el orgullo propio, del compañero, por el prestigio del barrio o tu misma cuadra. Patear la pelota con los amigos enfrentándote a otro grupo de chicos simplemente por amor al futbol, porque a nadie a 200 kilómetros a la redonda le importaba lo que sucedía ahí durante el tiempo que fuera necesario, hasta que tu mama te llamaba a comer o la pelota se iba al patio cercado de un vecino tras un despeje que buscaba imitar un pase largo con precisión milimétrica de Cannavaro pero terminaba siendo una catapulta que reventaba la ventana más cercana; “Aquí casi no hay gente, entonces la presión no pasa por ellos. Aquí la presión pasa por un tema de resultados. Este es un equipo grande, es el más grande de Lituania. Llevan 4 años saliendo campeones de absolutamente todo, entonces la presión pasa más por ese aspecto, por mantener todo lo que este club ha logrado en los últimos anos. Te diría que una de las cosas más difíciles para un futbolista es jugar sin gente, porque obviamente es una motivación extra que el jugador siempre tiene en su liga, los hinchas, la gente que grita, que alienta, y de repente venir acá y que en un partido haya 200 personas es complicado, no es fácil. Uno se tiene que armar de valor y encontrar motivación y fuerza en lo más interior de uno”.

Cumplir objetivos es el alimento emocional de cualquier persona con ganas de crecer. Diego cumplió hasta ahora tal vez el más grande de ellos para un futbolista de cualquier parte del mundo. El Zalgiris, tras salir campeón de liga la temporada pasada, ganó el privilegio de jugar ronda previa de Champions League, ante el histórico Ludogorets de Bulgaria. Para Oyarzun ese fue un consomé que apenas pudo probar, pero que le supo a gloria: “Llegué dos semanas antes que comenzara la ronda previa de champions. Venía de un mes de vacaciones y entrene prácticamente nada. El primer partido no tuve minutos y el segundo jugué veinte; te puedo decir que es una sensación impresionante, solo salir a la cancha…y eso que no jugué. Imagínate si hubiera jugado, pero salir a la cancha y que suene el himno de la champions es increíble. Es algo soñado, la verdad que es soñado.”

El PFC Ludogorets Razgrad no la tuvo nada fácil contra el modesto Zalgiris. Es en este tipo de competencias del más alto nivel donde el futbol se convierte en la rama de la vida más democrática e incluyente: cualquiera le puede ganar a cualquiera. Sin embargo, es también en estas instancias donde lo deportivo hace la diferencia, junto con la parte anímica y temperamental: “En el tema deportivo es muy fuerte, a nosotros nos tocó con uno de los equipo más fuertes que había en la ronda que llevaba dos o tres años jugando fase de grupos y aun así hicimos un muy buen partido de ida donde ganamos dos a uno, lo dimos vuelta. El partido lo comenzamos perdiendo, y bueno ahí si estaba lleno porque la gente si aparece para los partidos europeos, ahí si le gusta el futbol. La vuelta fue muy difícil, ahí uno se da cuenta la categoría que tienen esos equipos grandes o que tienen más experiencia en estos juegos, y ese club es tremendo, fue como jugar dos partidos con dos equipos totalmente distintos. En el primer partido era un equipo lento como que se veía que no estaba preparado físicamente, como que no querían jugar y en el segundo partido eran arrolladores. No había por donde entrarles, no había como quitarles la pelota y aun así hicimos el primer gol de visita, que es importantísimo.” Es entonces cuando sale la risa un poco a manera de resignación entre la memoria, y el saberse David enfrentando a Goliat, sin contar con una honda a la mano: “Los tipos tenían que hacer cuatro goles y nos hicieron los cuatro goles, así de simple, entonces ahí uno se da cuenta también la jerarquía de los jugadores y la experiencia que se requiere para jugar esos partidos que aun siendo una fase previa se necesita de todo eso para pasar.”

Diego tiene en la sangre las ganas de trascender y hacerse un nombre propio en el futbol chileno, el legado de su abuelo y su padre lo empuja a romper moldes y escalar la montaña futbolística desde las faldas del Futbol Europeo, haciendo honor y viviendo con fidelidad aquello que dice que hay que empezar por el principio; “Yo considero que para un jugador sudamericano siempre va a ser un plus jugar en Europa, no hay que ser muy sabio para entender que la liga no es tan fuerte en lo deportivo, pero la idea es venir al club más importante y jugar bien, y de ahí salir campeón, eso te la posibilidad de jugar torneos UEFA de clubes. Trabajar fuerte y si podemos meternos a fase de grupos seria extraordinario. Cumplir objetivo por objetivo y así abrirnos nuevas puertas en otros mercados que son más fácil de llegar estando acá que en Sudamérica. Lo más importante para un jugador es tener minutos, el principal objetivo es jugar el mayor tiempo que pueda y obviamente la calidad de esos minutos me va a ir dando las siguientes opciones que pueda tener.

El siguiente paso es salir campeón y justo se le da la oportunidad de lograrlo en su primera temporada en Europa, jugando siempre de titular y convertido en un líder en la cancha para sus compañeros. Diego ha marcado un par de goles, aunque nada de eso le hace perder de vista el objetivo final del club; “Ahora estamos segundo un punto abajo del equipo contra el que jugamos el domingo que es a su vez el máximo rival de este equipo, entonces va a ser un lindo partido y lo único que nos sirve es ganar, y esperemos mantener la corona para tener la posibilidad de champions el próximo ano y salir campeón no es cosa de todos los días, seria lindo meter un gol, meter un gol es lo máximo, pero me interesa contribuir con lo que pueda con el club”.

Hace no mucho que Paulinho defendió estos mismos colores, y eso habla de las posibilidades que tienen los futbolistas en Europa. La calidad de los minutos se muestra al final de cada temporada y el trabajo puede llevar a Diego tan lejos como se lo proponga. Tiene claro el camino que le toca recorrer y lo enfrenta sin miramientos: “Uno tiene que ir dando etapas, la idea de venir a Europa es entrar bien con confianza. A veces los jugadores se van a ligas más grandes y por ahí no juegan, tengo que pasar etapas poco a poco y las cosas se van a ir dando, para ir abriendo mejores mercados a mejores equipos. Me gustaría regresar a Chile pero para retirarme, espero que sea en mucho tiempo más, espero que mi estadía acá en Europa sea larga.”

Fuera de la cancha Diego tiene un compromiso que sin duda será mejor que marcar cualquier gol. Al término de la temporada viajara de regreso a su país para tomar unas vacaciones y llenar sus maletas del sol del verano chileno y regresar a lo más crudo del Invierno Báltico en enero, siendo entonces un hombre casado: “Viajo ahora a chile para vacaciones, me caso el 23 de diciembre, así que el otro año mi futura esposa va a venir acá conmigo. Empiezo una vida nueva de pareja de familia. La estabilidad emocional en los jugadores es importantísima y el tema de la adaptación para los jugadores sudamericanos es mucho más fácil estando acompañado. La próxima temporada partimos el 8 de enero, esperando los mayores compromisos que nos pueda dar el campeonato el próximo domingo.”

El futbol tiene caprichos que pocas veces se entienden. El domingo 19 de Noviembre el Utenis FC venció al Zalgiris en la última fecha del campeonato y se convirtió así en el nuevo campeón de la de la ALyga, dejando a Diego Oyarzun y a su club sin haber ganado un título por primera vez en 4 años.

La próxima temporada será un reto en el que el máximo objetivo será recuperar el título y que el futbol le regale nuevamente a Diego la posibilidad de jugar un partido de Champions con tribuna llena.