Diálogos Rabieta: Ricardo Peláez

article-author
Obed Ruíz

     “Yo le dije a Isaac Terrazas: ‘me costó quince años llegar aquí, es el techo de mi carrera y lo tengo que aprovechar; no vengo de vacaciones’. Al otro día entré y metí un gol. Los sueños se cumplen”.

    Cuando te sientas a platicar frente a una persona que comparte la misma pasión que tú por el futbol, pero que defiende distintos colores y que además es un referente indiscutible, debes apelar a la razón y al sentido para no entrar en controversias, a la ética del periodista para dejar las diferencias de lado pero también un tanto al corazón por las tardes en que ambos estaban infundados en una playera verde, defendiendo el mismo objetivo; él en la cancha y tú con la ilusión infantil que todavía no sabe de fantasmas ni imposibilidades en la cancha cuando se trata de México y un Mundial.

    Referirse a Ricardo Peláez Linares (Ciudad de México, 1963) evoca la etapa más reciente del americanismo, la última época dorada de Necaxa, las Chivas del ‘Tuca’ y la Selección Mexicana que fue a Francia 98. Después de muchos intentos por conseguir una plática con él y de esperar un tiempo libre entre los múltiples compromisos que tiene con el futbol, pudimos sentarnos a recordar una vida llena de subidas y bajadas, aprendizajes, lesiones, retos y giros inesperados.

    Así como anticipaba a sus marcadores cuando entraba al área –como la mayoría lo recuerda– para cabecear un centro, Ricardo aprendió de su etapa de comentarista a prestar atención a su interlocutor e incluso imita su olfato goleador para responder las preguntas antes de terminar el argumento completo. Eso sí, siempre dispuesto a dar lujo de detalles y soltarse más allá de las respuestas que son políticamente correctas y que le permiten soltar una risa de vez en cuando, ya sin la responsabilidad de un equipo a cuestas, sino con la alegría del niño que creció muy cercano a su familia y que mantiene dicho lazo y que todavía recuerda con emoción el giro de tuerca que dio su vida al convertirse en jugador profesional sin habérselo propuesto.

     

    ¿Cómo fue tu niñez, Ricardo?

    Muy feliz, tuve una familia muy unida. Mis padres, somos cuatro hermanos, yo soy el tercero. Dos hombres mayores y una hermana menor. Afortunadamente recibimos una educación de valores, de unión, de familia y los cuatro tuvimos la oportunidad de estudiar primaria, secundaria, preparatoria y una carrera universitaria y con muy buen ejemplo. Fui un niño feliz, y eso sí, siempre con una pelota al lado.

    ¿Cuándo empieza a gustarle el futbol a Ricardo Peláez?

    Desde pequeño, desde muy pequeño. Tengo un recuerdo muy importante. Desde segundo de primaria la maestra que teníamos era muy futbolera y teníamos un buen grupo. Jugábamos y quedamos campeones en los recreos que era donde se jugaba el torneo y a veces por las tardes. Los fines de semana también, por supuesto. Y fui creciendo con eso, siempre llevando la pelota a la escuela, siendo seleccionado, jugando los sábados, metiéndome a las ligas más importantes como la Interclubes, la Liga Española y ahí fue donde me observaron.

    Tuviste una carrera que muchos podrían decir tardía porque te encuentra ‘Coca’ hasta los 21 años.

    Es que nunca pensé ser futbolista, no me encaminé a ello. Yo estaba ya en tercer semestre de mi carrera si mal no recuerdo –Contador Público en la Universidad La Salle– pero jugaba futbol en todas las ligas, todos los fines de semana y ahí fui observado. Ni siquiera por un entrenador mío, por un entrenador de otro equipo, que en este caso era el ‘Coca’ González. Me dijo que trabajaba para el América, que venía el Mundial de 86 y que ese año se iba a hacer un torneo corto, el PRODE 85 y que probablemente hubiera oportunidades. Me habló a la casa, le dije que no. Yo estaba estudiando, incluso trabajando en un despacho de contadores. Me volvió a hablar y en la siguiente llamada mi mamá estaba por ahí y me dijo “ya sácate el futbol de la cabeza, ve a probarte para que sepas si sí o si no”. Fui, me probé y a los pocos días, catorce o quince, debuté con el América anotando dos goles y quedando campeón en ese torneo. Me cambió la vida. Tuve que dejar el trabajo y ahí fue donde recibí el consejo más importante de mi vida por parte de mi papá, que me dijo: “o me terminas la carrera o te saco del futbol”. Porque ahí viene la fama, el dinero y te puedes perder. Entonces, afortunadamente, me obligaron a terminar mi carrera y eso fue fundamental porque te abre puertas una vez que terminas tu carrera deportiva que no es para toda la vida.

    ¿Cómo vives el proceso tan rápido que no es de fueras básicas?

    Muy complicado, porque hasta que no lo sientes no ves la diferencia entre el futbol amateur y el futbol profesional. Es abismal. En lo físico, en todos sentidos. Yo me sentía el jugador más hábil y más rápido siendo amateur. Cuando llego al América soy el más lento y el más torpe. Entonces te llaman, ya estás ahí y tienes que sobrevivir. Tienes que especializarte en algo. Empecé a darme cuenta que remataba muy bien de cabeza, tenía facilidad para jugar cerca de la portería y meter goles y lo supe aprovechar. Aproveché esa diferencia tan marcada que hay de lo amateur y lo profesional. Me quedé y demostré que tenía la capacidad.

    Estás un tiempo con América y después se da tu paso a Necaxa.

    Lesionado. Cambian de técnico. Es muy frecuente que el técnico que llega agarra lo que hay disponible. Yo no pude hacer la pretemporada completa, entonces me fui. Me costó trabajo recuperarme de una fractura de peroné y ligamentos de tobillo. Cuando fui al Necaxa fue a demostrar. Fueron 10 años maravillosos porque no solamente crecí yo y fui a la selección, sino que el equipo pasó de ser un equipo de media tabla a lograr cosas muy importantes: títulos de liga, de Concacaf, campeón de Copa, campeón de Campeones, muchas cosas muy bonitas.

    En Necaxa conoces a Octavio ‘Picas’ Becerril. Él dice que hay una anécdota muy curiosa y conocida. Él llevaba en sus espinilleras un par de alfileres y como era tan difícil marcarte, cuando saltabas, tenía que usarlos.

    Era un jugador…(suspiro y risas), el ‘Picas’, además de gran jugador, metía la pierna fuerte, era muy divertido, era el alma del equipo. Chistes en todo momento, bromas, alegrías, sonrisas y además un gran compañero. Me tocó enfrentarlo, primero cuando él estaba en Toluca y después fue mi compañero en Necaxa y todos juntos logramos –Navarro, Higareda, Becerril, Vilches, ‘Cuchillo’, Esquivel, Ambriz, Aguinaga, Aspe, Basay, Peláez, ‘Ratón’ Zárate, Luis Hernández–cosas muy bonitas, un equipo de época. Tengo grandes recuerdos de ‘Picas’, principalmente, no por su dureza al marcar, sino por la alegría que trasmitía al grupo.

    Hablas de toda esa generación, pero qué pasa con el ‘Matador’ en el gol de Francia 98.

    (Risas) Primero que nada, me costó mucho trabajo llegar al Mundial. ¿Por qué? Porque en el 90 fuimos castigados por lo de los ‘cachirules’ y en el 94 me quedé fuera de la última lista con 31 años. Entonces faltaban cuatro años para el siguiente Mundial, llegar de 35 no es nada fácil, pero nunca bajé los brazos. Llegué y se cumplió mi sueño, mi meta, la meta máxima a la que puedes aspirar. En el partido contra Corea íbamos perdiendo 1-0, me tocó empatar, marqué el primer gol y el segundo es una jugada de Ramón Ramírez que centra por la izquierda. Yo voy midiendo la pelota para rematar (alza la mirada como si recordara el centro) y Luis también viene con la vista la pelota, tira la patada y me pegó aquí y aquí (señala el cuello y el cachete). Tuve que salir de la cancha a atenderme, me sacó sangre. Entonces yo considero que el gol fue mío, se lo dieron a él y lo voy a reclamar algún día a la FIFA (risas).

    También hay anécdotas muy buenas con Isaac Terrazas que fue tu compañero durante todo ese Mundial. Estuvieron un mes concentrados.

    No, más, nos fuimos un 30 de abril o primero de mayo. El primer partido fue el 13 de junio y regresamos hasta el 30 de julio. Fue mucho tiempo. Isaac siempre fue un gran compañero, gran persona. Recuerdo que un día antes del primer partido le dije: “mañana ni tú ni yo vamos a iniciar el partido”, ya sabíamos que iba a iniciar otro equipo, pero le dije: “yo voy a entrar y voy a meter un gol. Me costó quince años de mi vida llegar a este momento y lo voy a aprovechar”. Se lo dije con una seguridad tal que se cumplió. Al otro día entré y tuve la suerte de marcar un gol.

    También es una revancha, ¿no?, precisamente en Francia vuelves a encontrarte con Corea, que fue contra quien debutaste en la Selección metiendo cuatro goles en ese partido. 

    Sí, acababa de nacer mi hijo en 1989. Fue en agosto o septiembre, no recuerdo la fecha del partido (8 de agosto), mi debut en Selección Nacional sabiendo que éramos simple y sencillamente el ‘sparring’ de muchas selecciones porque no íbamos a ir al Mundial. Hicimos cualquier cantidad de partidos en Estados Unidos, una Copa Marlboro creo que se llamaba. El primer partido contra Corea tuve la suerte de marcar cuatro goles. Tengo una anécdota maravillosa porque fuimos varios jugadores de Necaxa a esa selección y el resultado fue 4-2. Cuando regresamos, el presidente del equipo que era el señor Jorge Vargas Diez Barroso nos dijo: “felicidades a los tres, a ‘Pepe’ Vaca, al ‘Cuchillo’ Herrera y a Ricardo Peláez, porque entre los tres marcaron seis goles”. Yo me quedé pensando. Yo metí cuatro y él nos dice seis. “Sí, un autogol del ‘Cuchillo’ y un error de ‘Pepe’ Vaca. Entonces fueron los seis goles, los cuatro y los dos de Corea.” Y así te vas encontrando anécdotas y anécdotas que siempre te dan gusto recordar y sobre todo las personas, grandes jugadores pero grandes personas.

    Siempre has dicho que llevas el plano personal al plano profesional, en este último partido de leyendas abrazado con Cuauhtémoc después de tantas cosas que también los medios se encargan de exagerar…

    Cuauhtémoc y yo nunca jugamos juntos, sólo en el Mundial. Cuando me voy del Necaxa al América él se va del América al Necaxa, entonces nunca pudimos jugar juntos en un equipo, pero sí lo hicimos en el Mundial y como fue tanto tiempo hicimos una gran amistad. Había muchas bromas y mucha alegría. Después, cuando me toca dar el paso de jugador a directivo él quería el América, yo no lo consideré prudente en su momento por la edad y por el rendimiento. Hubo diferencias, se molestó mucho, hubo declaraciones por parte de él. Pero yo creo que como se dice en el ambiente futbolero: lo de la cancha que quede ahí y lo otro que quede fuera. Tuve la oportunidad de reencontrarme con él, nos tomamos una foto, la subí a Instagram y puse una frase que decía “Lo que pasó, pasó” . Que bueno que fue así porque hoy nos reencontramos y nos damos la mano. Siempre me da mucho gusto encontrarme o reencontrarme con amigos con los que logré cosas muy importantes.

    También hace algún tiempo Claudio Suárez recordó que se encontraron en un Clásico. A él le tocaba marcarte y después van y se concentran en la Selección, donde tardaron en hablarse…

    No, y aparte jugamos juntos en Chivas. Cuando yo estaba en América, él estaba en Chivas. Me marcaba, había pleitos, broncas. Después estuvimos en el Mundial juntos, compartiendo la alegría del éxito y después del Mundial, voy a Chivas y me toca ser su compañero. Así es la vida. Con Ruiz Esparza también tuve muchos enfrentamientos como rivales y luego fuimos compañeros. Con el ‘Picas’, con ‘Cuchillo’, con muchos, así pasa y es importante saber dejar o separar muy bien las cosas.

    ¿Qué diferencias hay entre Ricardo Peláez jugador amateur, jugador profesional, comentarista y directivo?

    Vas evolucionando, vas madurando. El momento de futbolista no lo cambio por nada, fue impresionante, me encantó, lo disfruté mucho, logré muchas metas que me tracé, sobre todo en Necaxa con 138 goles como líder, el llegar a Selección, jugar un Mundial, jugar en equipos importantes como América. Con la suerte de trabajar en medios de comunicación aprendes mucho. Aprendes la función del medio que es el enlace entre el protagonista (el futbolista) y la gente que es la que paga el boleto. Tratas de ser responsable y transmitirle lo mucho o poco que hayas aprendido. Como directivo es distinto porque ahí tienes que tomar decisiones y en muchas de ellas te equivocas, otras aciertas. Me gusta conformar grupos, generar buena ambiente, comunicación, alegría, competencia, en fin, son diferentes etapas, pero le doy gracias a dios de siempre estar ligado al futbol.

    Convertirte en el máximo goleador del Necaxa, pero en el Necaxa de época, dirigidos por Lapuente, con ‘Picas’, Aguinaga, Aspe, toda esa generación que marcó una década por completo y al futbol mexicano. ¿Cómo lo percibes desde el niño que no pensaba ser futbolista profesional?

    Increíble. Porque tú ves en la televisión las partidos y mi ídolo era Enrique Borja, y el otro, Carlos Reinoso y, de repente, te toca que uno sea tu técnico y otro tu presidente. Enrique Borja fue mi presidente en Necaxa, Reinoso fue mi técnico en América. Jugar un Mundial y enfrentarte a Jürgen Klinsmann y después en la televisión trabajar en el Mundial de 2006 con Zinedine Zidane, Figo, Eto’o, Batistuta, conocerlos. Después, como directivo ahora de América, ir al Mundial de Clubes y sentarme junto al presidente del Real Madrid en la butaca de junto. Son experiencias que de niño sueñas y se cumplen. Cuando tú te aferras a algo, cuando sueñas, cuando te visualizas, cuando luchas por conseguir las metas se logran y la prueba más palpable es el Mundial. Yo le dije a Isaac Terrazas “me costó quince años llegar aquí, es el techo de mi carrera y lo tengo que aprovechar, no vengo de vacaciones”. Al otro día entré y metí un gol. Los sueños se cumplen.

    Cómo aprender a ser paciente y sobrellevar la espera de los sueños. Por ejemplo en el partido contra Bélgica, cuando Lapuente pide a todos que salgan y que tú te quedes…

    Estás bien enterado de mis anécdotas. (Risas). Sí, yo hice todo el proceso de ese partido como titular, iba a jugar el partido contra Bélgica y, al final, el técnico, en la charla para ir al último entrenamiento les dice a todos que salgan y a mí me pide que me quede. Ni siquiera lo dejé hablar. No dejé hablar a Manolo. En el momento que me quedo intuyo lo que me va a decir, le digo: “profe, no se preocupe, no me diga nada, cuente conmigo al cien por ciento. Si voy a iniciar me voy a matar y si no voy a iniciar, si entro a jugar un minuto, me voy a matar, usted decida”. Y en ese partido no jugué. Pero no lo dejé hablar, yo intuí lo que me iba a decir, me dio la mano, fuimos a entrenar, ya no me puso en el cuadro titular y no jugué ese partido. Entré hasta el partido contra Holanda donde tuve la suerte de marcar un gol. Así es el futbol. En el partido contra Alemania, cuando perdimos 2-1, yo venía de meter dos goles, tenía mucha confianza y me acerqué al técnico y le dije:

    –Profe, métame. Métame.

    –Bueno, calienta. Espérame.

    –Métame, métame–. Y lo estuve molestando hasta que me metió.

    Tuviste la oportunidad de estar con técnicos del nivel de Lapuente, Bora, como directivo llevas al América a Ambriz y a otros que fueron campeones con el equipo, estuviste con Tuca en Chivas, ¿de cuál es el que aprendiste…?

    De todos. Todos te dejan enseñanzas, te dejan cosas que después tú desechas o aprovechas. Todos tienen cosas buenas y de todos, también, aprendí cosas que para mí no son importantes. Tanto como jugador, que tuve cualquier cantidad de técnicos, empezando por el ‘Zurdo’ López, Cayetano Rodríguez, Cayetano Ré, Aníbal Ruiz, Roberto Saporiti, Manuel Lapuente, en fin, Mejía Barón en selección, Bora en selección y ya después como directivo llevé al ‘Piojo’, fuimos campeones; a Mohamed, fuimos Campeones; a Matosas, fuimos campeones de Concacaf, llevé a Ambriz fuimos campeones de Concacaf, Lavolpe en la última etapa. De todos aprendes algo y también desechas. Te llevas lo que vas tomando a tu criterio. Yo no soy de los que piensa que estoy casado con una idea. Yo tengo una idea y la voy puliendo y la voy mejorando conforme lo que encuentro en el camino y lo que vivo.

    Luis Hernández dijo, cuando se dio la derrota contra Alemania en la Confederaciones, que esta no era la mejor generación de futbolistas que había tenido México. Que a pesar de que su generación, la tuya, no jugaban en Europa como ahora la mayoría de los titulares, tenían más potencial, y esos procesos también fueron distintos, porque las generaciones de ahora sí tienen una formación estricta desde fuerzas básicas, pero, por ejemplo, cómo te descubren a ti, cómo descubren a Campos en la playa, son una generación que tal vez no hizo tanto trabajo pero destacó.

    Son diferentes épocas, diferentes generaciones. Yo sí creo que el futbol va evolucionando y va mejorando. Yo veo los partidos de antes y había más tiempo y más espacio en la cancha. Hoy, por la preparación física, recibes la pelota y te caen dos, pero no quiere decir que Maradona no podría jugar hoy o Messi no hubiera podido hace veinte años. Aquellas selecciones del 94 y del 98 tenían mucha personalidad, mucho carácter, mucho liderazgo dentro de la cancha. Hoy veo menos eso, pero veo más calidad, veo jugadores en Europa, jugadores que son campeones del mundo sub 15, sub 17 y olímpicos. Veo una mezcla generacional interesante. No me atrevería a comparar, yo creo que hay muy buen material como para dar ese paso que nos ha faltado, pero a las selecciones de antes por supuesto que les doy su lugar y muy bien ganado.

    Para Ricardo Peláez qué significa cada club en el que estuvo.

    Un agradecimiento muy profundo, experiencia, buenos recuerdos, entrega total. Reciprocidad. Porque muchas veces dices es que en el Necaxa yo tengo 138 goles y nunca me hicieron un homenaje. No te tienen que hacer homenajes. Tú trabajaste en el Necaxa, ellos te dieron la oportunidad, hiciste tu mejor esfuerzo, lograste tus metas y ellos te pagaron. Fue de aquí pa’llá y de allá pa’cá. Hay reciprocidad. Tengo grandes recuerdos de América, de Necaxa, de Chivas, de la selección, del Mundial, de compañeros, de amigos y así es la vida, te vas encontrando personas en el camino, con unas convives más, con otras menos, pero siempre quedan el agradecimiento y la experiencia de seguir aprendiendo.

    ¿Cuál es el principal defecto de Ricardo Peláez hoy en día después de todo lo que ha pasado?

    Muchos, a veces terco, me pongo mucho la camiseta, soy muy entregado y a veces te decepcionan personas o cosas que te van sucediendo. Pero así soy. El otro día se sentó una persona junto a mí y me dijo “es que tú debiste hacerte güey, como se dice, hacerte tonto, seguir ahí” y le dije “si yo fuera así como usted me está diciendo no hubiera logrado nada de lo que logré”. Yo soy como soy y me ha ido como me ha ido por ser como soy. Entonces no cambiaría nada.

    El partido más difícil que tienes que enfrentar en tu vida.

    La muerte de mi padre. No hay amor más puro que el de un padre a un hijo y para mí fue un golpe duro. Tuve la suerte de que me acompañó una gran parte de mi carrera, de recibir grandes consejos como el de estudiar una carrera y prepararme porque el futbol no iba a durar toda la vida. Me vio en el Mundial, lo disfrutó mucho. Y aprendí muchos valores, principalmente la honestidad, la responsabilidad, el trabajo, la perseverancia, la ilusión, el compromiso y me dolió mucho su partida pero también sé que está, aunque no fisicamente, está conmigo. Esos mismos valores que yo aprendí de mis padres, a mi madre la conservo afortunadamente y la visito y siempre trato de estar cerca de ella, es lo mismo que yo le quiero transmitir a mis dos hijos, lo que aprendí de mis padres, ser una buena persona, un buen ejemplo y ese es el mejor legado que le puedes dar a un hijo.

    ¿Dentro de ese legado en algún momento estuvo impulsar alguna carrera futbolística?

    Más que impulsar, darles la libertad de elegir. Muchas veces los papás nos creemos dueños de los hijos y les imponemos cosas, pero te vas dando cuenta que él es dueño de su vida y que lo quieres mucho pero no te puedes meter. Él tiene que tomar sus decisiones y tiene que elegir su camino. Hay que acompañarlo, siempre con buenos consejos, con apoyo, pero darle la libertad de elegir.

    Hablando de elecciones, ¿cómo es este proceso de la lesión y que después de muchos intentos de recuperación te lleva al retiro?

    ¿Cuál de todas las lesiones? (Risas). Tuve nueve fracturas.

    La final

    La última, la de cartílago de la rodilla, sí, es muy triste porque te das cuenta que no estás bien, no te sientes bien y tienes el deseo de competir y ya no llegas. Te mandan un centro y tú decías esta es mía, yo la gano porque la gano, porque te conoces y sabes por dónde llegar y todo. Cuando saltas ya te ganaron y empiezas a darte cuenta de que no sólo es la lesión lo que te duele, sino que ya estás a cierta edad. Me retiré de 37 años y a veces es preferible hacerte a un lado. Recuerdo que me ofrecieron un contrato de una cantidad importante de dinero para continuar y no lo acepté. No lo acepté porque, como ahora me sucedió en América como directivo y como me sucedió de jugador y de comentarista, hay veces que…me gusta dejar las cosas cuando están bien y no cuando están mal. No me gustó irme con un contrato y lo mismo con el América ahora, me gustó irme como ganador y no esperar a que me corran como perdedor. Dejar las cosas bien, que venga otro y haga su trabajo.

    En el plano familiar es difícil llevar las cosas bien cuando estas todo el tiempo en concentraciones, partidos, viajes y entrenamientos. ¿Cómo se lleva este proceso? ¿Cómo afrontar…?

    Es maravilloso porque siempre he tenido el apoyo, de mis padres primero, mis hermanos, luego el caso de mi esposa, mis hijos. Es difícil. Mi carrera de futbolista, de comentarista y de directivo es la misma. Los fines de semana no existen. Las bodas, graduaciones, quince años y eventos familiares son los fines de semana y tú estás ausente. No fui a la boda de mi hermana, no fui a la boda de mi hermano, no fui a mi graduación, llegué tarde al bautizo de mi hija, pero como siempre lo digo, son más las satisfacciones que los sacrificios. El futbol te da unas cosas, por otro lado, sacrificas otras pero estás haciendo lo que te gusta. Yo lo que le doy gracias a dios es que tengo el apoyo de mi esposa, llevamos 30 años de casados, los acabamos de cumplir, de mis hijos, de mi madre, de mi padre desde el cielo, mis hermanos que todavía están conmigo, somos una familia unida, de valores y es difícil no estar con ellos en momentos muy importantes para ellos porque ellos han estado en momentos muy importantes míos y yo no puedo estar con ellos a veces porque son los fines de semana, pero lo han comprendido y me han acompañado en este camino tan bonito.

    ¿Hay algo dentro del camino de Ricardo Peláez que si pudieras lo cambiarías dentro del plano del futbol?

    No, no. Logré muchas cosas muy bonitas en el futbol, aprendí mucho, me rodeé de gente, tengo buenos amigos, después como comentarista aprendí mucho lo que es la televisión, las cámaras, los micrófonos, la responsabilidad que tienes cuando hablas. Como directivo me fue maravillosamente bien, en cinco años logramos cosas importantes, fui directivo de la Selección Nacional. No cambio nada.

    Acerca de hablar y tener cierta responsabilidad, también es difícil transmitirlo a los jugadores dentro de la cancha y ante cientos individualismos, ¿cómo haces llegar eso a un equipo para que se comporte como tal y para que demuestre profesionalismo con su juego y no se lleve por otros lados?

    Haciéndolos conscientes de la responsabilidad que tienen. Eres profesional. No es lo mismo tirar un penal aquí tú y yo en el pasto para divertirnos. Cuando estás en un estadio tienes la responsabilidad de millones de personas, los que están en el estadio porque pagaron un boleto y los que están viéndote en la televisión. Te tienes que manejar como profesional y tienes que tener valores, tienes que ser una persona íntegra dentro y fuera de la cancha. Te voy a poner el caso Maradona. Un excelente, extraordinario jugador en la historia, pero fuera de ella con muchos problemas, sin entrar a detalles. Ahí no encaja. ¿Es el mismo el que vemos que juega en la cancha que el que está afuera? Yo siempre les hablaba a los jugadores cuando me tocó ser directivo, al cuerpo técnico, de la responsabilidad que tenemos todos como equipo para con la gente, con la afición y con los niños que están viendo la televisión y muchos de ellos sueñan ser jugadores de futbol como tú. Por eso me importa mucho la educación integral, académica, tratar de que el jugador sepa que el futbol te puede durar un día, un mes o un año, pero después qué vas a hacer, que esté preparado para todo y que tenga una educación.

    Para ti cómo fue eso, llegas al América pero terminas tu carrera, comentas que apenas ibas en tercer semestre, ¿cómo llega la ayuda para que tengas una formación…?

    No terminé mi carrera, mi papá me obligó a terminar mi carrera y seguí ligado al futbol como profesional y lo pude lograr, lo pude hacer. Sí se puede, me costó mucho trabajo pero lo logré y al final de cuentas a los 35-36 te retiras, si bien te va, porque muchos se retiran a los 28-30. ¿Y luego que vas a hacer de tu vida? El futbol se te acabó, ¿y luego? Hay que estar preparado. Hay que ser conscientes desde niños, desde jóvenes, que tienes que estudiar y jugar futbol si eso es lo que quieres, prepararte porque la vida es dura.

    El partido en que América pierde la final contra Toluca a inicios de los setenta, tú eras un niño, estaba Borja, ¿cómo lo viviste desde esa pureza del futbol?

    Me dolió mucho pero más me dolió aquel contra Cruz Azul, quizá porque tenía más consciencia. En el setenta tenía siete años, después viví una final contra Cruz Azul, ya más grandecito y más consciente de la realidad y me dolió mucho. Acabé abajo de una cama llorando porque mi hermano mayor le iba al Cruz Azul, mi papá al Guadalajara y mi otro hermano al Atlético Español que entonces era un muy buen equipo también y acabé llorando abajo de una cama porque se estaban burlando de mí, como sucede con los hermanos. Me dolió mucho ese 4-1, gol de Borja y cuatro de Cruz Azul, ‘Pajarito’ Cortés, Trujillo, ‘Pichojos’. Quizás esa fue la que más me acuerdo.

    El gol que más recuerdas.

    El del Mundial, el primero, el segundo contra Holanda, goles increíbles de cabeza. Aprendí y se me facilitó mucho, me hice como un especialista del juego aéreo, ofensivo y defensivo porque luego bajaba a marcar y a despejar.

    En ese Mundial de Francia 98 la selección no sabía el resultado del otro partido mientras jugaban contra Holanda y si les hubieran dicho..

    Pierdes.

    Que con el 2-1 pasaban…

    Es una anécdota maravillosa de muchos temas, de perseverancia, por lo que significa la información y el momento. Nosotros estábamos jugando en una cancha a la misma hora y el otro partido en otra. Le habíamos ganado a Corea, empatamos con Bélgica e íbamos perdiendo con Holanda. No sabíamos cómo iban los otros. Iban 0-0 pero no sabíamos. Nosotros íbamos perdiendo 2-0 con Holanda, si nos hubieran dicho “tranquilos, allá van 0-0”, ¿qué mensaje nos mandan? Si perdíamos con Holanda no pasaba nada, calificábamos porque allá estaban empatando, entonces hubiéramos perdido. Como no nos dijeron nada, en la cancha pensamos que teníamos que sacar por lo menos un empate o quedábamos fuera del Mundial. Fíjate la valía de la información. Si te digo que van 0-0 allá entras en una zona de confort, de relajación y pierdes, 2-0, 2-1, no sé. Como no nos dijeron, nosotros pensamos en que teníamos que empatar, y empatamos. Fue muy bueno que no nos dijeran porque estoy seguro que si nos hubieran dicho, perdemos. Y a lo mejor calificamos también, pero perdemos el partido.

    ¿Esa idea de la zona de confort y de tener toda la información es algo que aparentemente se arrastra dentro de la selección y del futbol mexicano y que de cierta forma es un bache para que el nivel incremente?

    No lo sé, hoy la información fluye de manera distinta, en aquella época no había celulares, apenas empezaban, pero las redes sociales y todo eso no existía. Yo creo que hoy en la tecnología, la comunicación y la información hay muchas cosas que son para bien y otras que no tanto. Habría que poner en la balanza muchas cosas de aquella época y de esta, es una pregunta muy complicada.

    Si se te ofreciera nuevamente un puesto de apoyo con la selección como lo fue con Miguel Herrera, en este caso con Juan Carlos Osorio, qué existe de paralelismos y diferencias.

    Independientemente de quién sea el técnico, de quiénes estén de jugadores, qué momento sea, yo a la selección nunca le diría que no, esté quién esté yo nunca le diría no a la Selección Nacional. Por lo tanto, si me llegan a llamar algún día, voy a decir que sí y voy a dar lo mejor de mí.