user-photo
Carlos Becerril

    La ciudad más ingrata para que nazca un superhéroe

    Los superhéroes nacen y se especializan solo en la ciudad que defienden día a día, conocen todo y la gente de mala manera comienza a acostumbrarse con su presencia y que en cualquier inconveniente saldrá la mejor versión defensora del ídolo para salvar el acto no importando el rival, ni la dificultad del trabajo. Eso […]

    Foto: fifa.com

    Los superhéroes nacen y se especializan solo en la ciudad que defienden día a día, conocen todo y la gente de mala manera comienza a acostumbrarse con su presencia y que en cualquier inconveniente saldrá la mejor versión defensora del ídolo para salvar el acto no importando el rival, ni la dificultad del trabajo. Eso lo tenemos por supuesto en cada episodio, en cada película y en cada partido.

    A diferencia de las películas de acción donde se inventan nombres de ciudades para no herir susceptibilidades y en las cuales el bien triunfa al final del día, en la vida real no siempre termina todo como debe de ser. Hace uno días nos tocó vivir un cuento que se acabó como nadie lo esperaba. La ciudad es Madrid y el héroe Iker Casillas. Iker nació y se crió en la capital española como Batman en Ciudad Gótica o como Superman en Smallville por azares del destino o porque la ciudad los necesitaba.

    Siendo un niño todavía tuvo que salir a defender al equipo y a la ciudad entera aún cuando no era consciente de los poderes que tenía; no fue para combatir a una banda de tres rufianes en un callejón de la estación de Lavapiés. El escenario era paralizante para un principiante que no tenía opción de perder la batalla, porque de ser así, sería desterrado y olvidado. Defendió el arco blanco en una final de UEFA Champions League en Glasgow ante el gigante alemán del Bayern Leverkusen. Es cierto que tenía una Liga de la Justicia respaldándolo y aliados de gran nivel. Todo Madrid recordará esa noche en conjunto y se citarán los goles del 7 y del 5 y dos asistencias de Roberto Carlos, una con la mano y otra con la pierna izquierda.

    Terminando aquella batalla, el portero madridista rompió en llanto tras lograr la novena “Orejona” en la historia de su equipo, al que pertenece desde niño. Iker como todo gran líder siempre se comportó a la altura cuando apareció en público. Un joven de buena familia, educado, tranquilo y sintiendo el color blanco en su piel. Aún se recuerdan esos gritos que auguraban a un tipo que se iba a hacer todavía más exitoso a lo largo de los años, que el carácter reflejado aquella noche no era por la casualidad y que tenía lo suficiente para hacerse cargo de la portería del club más grande del siglo XX. Para ser consciente de todas sus capacidades fue necesaria esta primera batalla.

    En el verano siguiente la cita era en el Suwon World Cup Stadium, en Corea del Sur. Lejos de casa y ya no solo para defender a su ciudad sino al país entero. Con total seguridad de sus capacidades y consciente del peso que tenía que cargar bajo los tres palos, Casillas se enfrentó por los octavos de final del mundial a la selección de Irlanda y realizó un gesto que no se olvidará jamás. Caminó hasta el arco riendo y saludando a sus compañeros. Incluso los narradores españoles se sorprendían de la serenidad con la que el 1 le ponía cara a esa definición por penales… “Se está jugando el mundial y miren cómo va” “Iker no hace paradas, hace milagros. ¡San Iker!”

    España se clasificó a los temidos cuartos de final (instancia donde España sufría y le era imposible superar) después de que Casillas detuviera dos penales y obligara a tirar a uno más al larguero. Una victoria importante y llaves de la ciudad para El Santo. A lo largo de su carrera se dedicó a ganar definiciones en el mano a mano e hizo de los penales su principal fortaleza y martirio para los rivales. Cada que venía una definición así, la confianza crecía por tener al de Móstoles a favor. Para entonces ya no sólo era el héroe de Madrid si no de España entera y apenas venía lo mejor para un tipo al que su aura era superior a Cibeles o al Santiago Bernabéu y que ahora también se reconocía en todos los países que componen la Madre Patria.

    España ganó fuerza con las derrotas y para 2008 en la Eurocopa de Austria y Suiza tendrían el tan anhelado pase a semifinales otra vez desde los once pasos. Sí, con Iker en el arco. El rival era el último campeón del mundo, Italia.

    José Manuel Ochotorena (entrenador de porteros de la selección española para ese torneo) intentó hablar con el madridista antes de la tanda acerca del estudio de los tiradores Italianos y que posibilidad existía de que patearan a algún lugar específico. Casillas no le escuchó y expresó que se tiraría al lugar que le dictara la intuición en ese momento. Le detuvo el disparo a Danielle de Rossi a su derecha pero después Buffón hizo lo mismo con Dani Guiza. Iker se acercó al abatido jugador español y le dijo al oído “vete tranquilo que aquí estoy yo”, no por arrogancia sino por seguridad en su juego. Atajó uno más a Di Natale quien pateó cruzado y Cesc Fabregas convirtió para que España estuviera en la siguiente ronda, torneo que ganarían después de vencer a Alemania en la final con gol de Fernando Torres.

    Dos años más tarde, con la misma banda de capitán pero ahora en el continente africano Iker tendría que defender el título Europeo ahora en un mundial. Para la suerte de España una decisiva jugada se repetía con un común denominador, penal en contra, cuartos de final y Casillas esperando el disparo de Oscar Cardozo. Un Iker más maduro llegaba a esa cita, ya no era el chico del Madrid, ni el que decidió hacerlo solo en 2008. Esta vez escuchó atento los consejos de Pepe Reina que sabía que el zurdo paraguayo buscaba patear cruzado en los momentos importantes. El capitán español compartió la opinión de Reina y se tiró sobre su mano izquierda; y sí, volvió a quedarse con la pelota. Xavi Hernández referente de La Roja dijo sobre esa jugada: “Iker tiene esto, tiene este punto de no sé si es estrella, esa capacidad mental que es frío. Esa sensación de decir… nos queda Iker”. El final lo conocemos todos, el portero levantó la Copa del Mundo en Sudáfrica y le dio el máximo logro del fútbol a su país.

    Si han llegado a este punto y creen que todo fue obra de la casualidad, quizá sí, pero queda una más. El rival es Portugal, semifinales de la Eurocopa del 2012 y otra decisión más desde el punto penal. Casillas atajó a Moutinho y adivinó el disparo de Bruno Alves que se estrelló en el poste. Una vez más y como cuatro años atrás, después del lance de Iker venia Cesc para sellar el pase a la final. Torneo que ganarían por segunda vez consecutiva después de eliminar a Italia por 4-0. A esta altura ya era algo histórico, dos Eurocopas y un Mundial en 4 años para el equipo que dominaba el mundo entero.

    No se olvidó de la tierra que lo vio nacer y le juró amor eterno a su casa en el Paseo de la Castellana. Sufrió cuando por muchos años su equipo fue lastimado por el archienemigo catalán pero nunca se rindió. Tuvo que pasar humillantes derrotas frente a Xavi e Iniesta pero siempre puso el pecho. Su propia gente le dio la espalda, malacostumbrada a que Iker siempre les daba alegrías. De pronto vivían un tiempo en que no había nada que celebrar y pusieron a su Santo en la fogata y le recriminaron derrotas de las que era parte, mas no responsable en su totalidad. Iker soportó y tenía fuerza para ganar una última batalla con la armadura blanca, una durísima contra otro enemigo de la misma ciudad que había ganado en gallardía manipulado por el malvado Diego Pablo Simeone.

    En Lisboa, en una batalla que para muchos debió perder, Casillas le dio a su gente el título más esperado en los últimos años, la tan ansiada “Décima”. Seguramente la lucha que más le costó ganar y en la que dejó sangre y alma para cumplir el deseo de todos. Sólo algunos aplausos se le dieron porque la responsabilidad se le atribuyó a Di María quien fue para todos el líder del barco.

    En su última temporada, Iker vio como su máximo rival levantó un triplete más en su historia mientras él no logró alzar a un equipo que se desmoronó a final de temporada. Antes de regresar de vacaciones se anunció que ya no servía más y que ya no tenía el mismo poder de hace algunos años. Se rumoró la llegada de un chico nacido en un equipo que no congenia con el conjunto blanco, David de Gea. Casillas dejó la ciudad de madrugada, sin que nadie se enterara y cuando sus compañeros volaban a Australia para la gira veraniega. Lo despojaron de su traje típico que se distinguía por el número uno en la espalda y lo reemplazaron como a un antiguo televisor.

    ¿Pero dónde he visto esto antes? ¡Ah!, Ya recordé. Ahí mismo en Madrid, en la ciudad más ingrata para un superhéroe. El mismo desgraciado final que se les da a los hombres que se enamoran del equipo y que llenan de alegrías a sus seguidores, el destierro.

    Años atrás nació otro tipo similar a Iker, no usaba guantes como él, pero su mayor virtud era el de ser el chico goleador de casa que en cada paso irradiaba madridismo y era el ancla entre el club que tiene sus raíces en la Castellana pero que comenzaba a perder el piso con la llegada de otros Galácticos que querían mudarse al espacio exterior. Con tan solo 17 años de edad y de la mano de Jorge Valdano, campeón del mundo en 86, Raúl no tuvo un arranque tan frenético como el de Casillas pero se veía de lejos el ingenio que tenía. Al igual que el protagonista, Raúl González Blanco fue olvidado y desterrado, en específico a Alemania, despojado de su traje con el número 7 a la llegada de alguien que le superaba en velocidad y que en lugar de salir golpeado y sangrado de las batallas, salía bien peinado y oliendo a Chanel.


    Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.