La extinción de los dinosaurios

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Antonio Moschella

    La edad no perdona. Y la falta de ideas tampoco. Y es por eso que hasta cuando llevas cuatro estrellas cosidas en el pecho y has escrito la historia de los mundiales del deporte más popular del planeta no te basta con el currículum. Como un noble que busca premio solo por ser tal, la selección italiana ha pedido casi a gritos una plaza en el mundial de Rusia, como si una manifestación futbolística de nivel fuera un evento de gala al que acuden solamente los invitados. Pero, por suerte, no ha sido así. Selecciones como Irán, Costa Rica, Islandia, Panamá, Túnez, Marruecos y la misma Suecia, verdugo de Italia, se ganaron el derecho de disputar el mundial, que en calidad de sublimación del alma popular del futbol solo acepta a los que lo merecen. Porque al mundial va quien se pone el cuchillo entre los dientes y no el que se va con traje y corbata.

    La victoria del mundial 2006, que me agarró cuando tenía 22 años y de regreso tras un año en el extranjero – es decir con el ‘espíritu patriótico’ en su cenit y en lo más alto de mi ingenuidad que todavía me hacía vibrar durante el himno y en el despliegue de la bandera, fue un orgasmo antes de morir. En todos los sentidos. A partir de aquel momento los mundiales de Italia han sido obras entre lo cómico y lo trágico, con dos eliminaciones en fase de grupos tras derrotas con Eslovaquia y Costa Rica, claras demostraciones de que en el deporte más igualitario vivir de recuerdos no basta. Más allá de los escasos talentos producidos por un ambiente en el que el futuro no se contempla, porque la corrupción y la especulación son la base de un sistema que ya pasó sus mejores días, el universo futbolístico italiano está poblado por un ejercito de dinosaurios, todos bien agarrados a su butaca y sin ganas de dejar espacio a los jóvenes, como en muchos ámbitos laborales en este país.

    No meterle ni un gol a Suecia en 180 minutos es el espejo de la impotencia de una cultura de museo, que sigue auto halagándose hablando del Imperio Romano y de sus conquistas antiguas incrustadas en libros que acumulan tanto polvo y que cuesta incluso trabajo abrirlos. No es un caso de que Buffon y Totti acaben retirándose a los 40 años, de que Cannavaro acudió al mundial de 2010 completamente agotado tras haber gastado todo su combustible en la cabalgata triunfal de 2006. Y podría citar más casos. Pero no. Me basta con mencionar la elección de Giampiero Ventura como técnico hace año y medio: un entrenador desconocido de casi 70 años que en su vida no había hecho más que dirigir al Torino y que entró en un vértigo que no pudo controlar. Incapaz y anclado en el pasado, reflejaba todos los defectos de un futbol podrido y desgastado donde el presidente, más anciano que él, la primera vez que abrió la boca lo hizo con comentarios racistas.

     

    Ahora bien, que la extinción de los dinosaurios sea definitiva y lleve a un cambio. De una vez por todas.